Ser fotógrafos de boda es para nosotr@s un privilegio porque nos conduce a destilar mil vidas, mil historias… como se destila un buen café.

Ser fotógrafos de boda nos conduce a ese momento en el que el novio el día antes, distraído, nos mira casi sin vernos y se le escapa un: “Co*… ¡que mañana me caso!”

Ser fotógrafos de boda es un privilegio porque nos conduce a ser testigos de historias entre amigos de los que parece que no pasa el tiempo. Historias de esa fórmula llamada “amor”; para un@s tan real, sólida, de dentro, traspasando distancias, años, culturas. Como la boda a la que le dedicamos este post, en la que Suecia y La Rioja se unieron para celebrar que dos personas se querían. Caminos que se encuentran y que a tod@s nos quedó claro que seguirán. Firmado por la certeza en la manera de acercarse, rozarse, mirarse. A un sentir vivido, sencillo y real… le hicieron justicia el bosque y el cariño de un@s invitad@s que, sin ganas de aguantarse hasta el baile (ni falta que hacía), convirtieron la fiesta en un festival.

Gracias, pareja, por habernos hecho saber una vez más que el querer incondicional traspasa cualquier frontera.

Para ver el fotoreportage completo y más detalles, podéis clickar aquí

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